UN SALTAMONTES ME HA BESADO

UN SALTAMONTES ME HA BESADO

Esta es la historia de un día cualquiera…..

La curiosidad infantil es el motor de aprendizaje que impulsa a nuestros niños y niñas a descubrir el mundo que los rodea con admiración.

Su mirada se dirige a rincones y detalles tan pequeños, en ocasiones, tan minúsculos, que a los ojos de los adultos, inmersos en nuestro mundo de adultos, son imperceptibles. Pero si agudizamos la vista, escuchamos con atención y esperamos con santa paciencia podemos encontrarnos con pequeñas grandes historias.

Cada día, en nuestras aulas de infantil, ocurren situaciones que a los maestros nos ofrecen oportunidades únicas de aprendizaje, esas que nacen del interior de nuestros alumnos y que necesitan para entender el mundo en el que viven.

Así nació este mismo lunes “Un saltamontes me ha besado”, un relato consecuente de un instante en el patio y que rodeo nuestro día para hacerlo redondo.

Mientras jugaban, corrían, se perseguían, cantaban… Una alumna dijo la palabra mágica: ¡Bicho!.

Los que estábamos cerca acudimos a ver el extraordinario descubrimiento y pudimos comprobar que era un saltamontes. A raíz del encuentro se observó su particular aspecto, lo perseguimos por el patio cuando saltaba y lo cogimos con un palo ( somos valientes pero de momento no tanto como para cogerlo con la mano). Entonces el saltamontes caminó por el palo ante la atenta mirada de los presentes y se detuvo rozando la mano de una niña que se quedó inmóvil. Y de repente ocurrió ¡ El saltamontes me ha besado!, dijo admirada. 

Con esta frase los que estaban lejos se acercaron, ya no daba miedo, daba besos, y comenzó el debate sobre la familia del saltamontes, si tenía padres y si trabajaban, lo que derivó en explicar cada uno su situación familiar al resto de compañeros. Por supuesto escogieron nombre, Valentina.

Y así es como dejamos a Valentina en las ramas del arbusto más verde y subimos a clase. Como el tema seguía gustando decidimos hacer una sesión de psicomotricidad imitando el movimiento tanto de los saltamontes como de otros bichitos. Por la tarde Valentina seguía en la conversación, hablamos de cómo se había escondido entre las hojas del arbusto y aprovechamos para realizar una actividad sensorial con telas y elaborar camuflaje con ellas.

No hemos vuelto a ver a Valentina esta semana, pero aún seguimos buscándola en el patio, y a su paso encontramos otras curiosidades que nos enseñan a relacionarnos entre nosotros. 

Esta historia refleja la belleza de ser maestro, de ser feliz con nuestro trabajo y estar a disposición de nuestros alumnos y su bienestar. Ellos tienen una curiosidad y nosotros, los adultos, con ella creamos todo un mundo que sacie su sed de saber. Para nosotros es una excusa, un camino que nos ofrecen para hacer actividades y ejercicios que aporten riqueza a su desarrollo integral. 

“Un saltamontes me ha besado” es una pequeña muestra de la experiencia que aporta asistir a la escuela a nuestros hijos/as en medio del gran debate en el que nos encontramos, el colegio no es sólo estudiar conceptos es compartir momentos, historias, a crecer juntos y aportar riquezas propias a las ajenas. 

No olvidemos jamás observar el mundo como un niño, porque seremos capaces de aprender con cada mirada. 

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